miércoles 6 de agosto de 2008

"ME DAN IGUAL"

- Mamá, yo quería hablar contigo.
- ¿De qué?
- Quería que supieras mis motivos...
- Me dan igual, María, me dan igual.
- ...
- ...
- ... Lo he intentado.

No es casual que yo utilice un pretérito perfecto compuesto. Es un tiempo verbal con aspecto perfectivo, o lo que es lo mismo; acabado.

Mi madre prácticamente no me habla, la frialdad con la que se dirige a mí me pone los pelos de punta y la tristeza que desprende me mata. Quise explicarle el porqué de mi decisión. Quise contarle mis motivos. Quise que al menos tratara de entenderme. Quise que leyera mi entrada y que, si hubiera querido, la comentásemos. Quise que supiera que no era algo que hubiera decidido a la ligera.

Han pasado dos días desde que empezó todo. Desde que dejó de hablarme. Supongo que la he decepcionado. Hemos tenido broncas, sí, las normales. Pero nunca había sentido que de verdad la había decepcionado.

Mi madre y yo siempre hemos tenido muy buena relación; hemos hablado de todo, hemos compartido todo. Salvando las distancias, hemos sido las mejores amigas del mundo; hemos ido a museos, hemos traducido montones de textos, hemos dado paseos increíbles y hemos tenido conversaciones de todo tipo, en los lugares más raros... Innumerables e inapreciables los momentos que hemos pasado juntas. Sabía que con ella nunca me sentiría sola. Hasta hoy.

No ha querido saberlo. No ha querido entenderme. No ha querido ni siquiera intentarlo. Sé que para ella es doloroso. Mi hermano pequeño me decía que posiblemente se esté preguntando qué ha hecho mal.
Si me hubiera dejado, yo habría sabido contestarla: No ha hecho nada mal. De hecho, yo no le recrimino en ningún momento que me educase en la fe; ella pensó que era el mejor regalo que podía darme. Y yo se lo agradezco, sin duda mi fe para mí es de las cosas más bellas que tengo.

Pero a la vez también supo darme un espíritu crítico. Desde muy pequeña la recuerdo con un libro entre las manos. Y eso es algo que nunca podré agradecerle bastante. Mi madre me enseñó que no sólo basta conocer, hay que saber y que sobre lo que se sabe se piensa, y que, incluso, en ocasiones, se llega a conclusiones. A veces, acertadas y otras menos, pero todas tendrán un mínimo de fundamento, aunque nos equivoquemos estrepitosamente.
Sé de lo que hablo: he jugado al Trivial con ella. Solíamos ir en el mismo equipo: discurríamos juntas.
Pero esta vez no quiso.

7 opiniones:

Anónimo dijo...

Tu madre se encuentra demasiado triste para discutir. No le pidas que no lo esté. Le importais (tu y tus hermanos) demasiado.

vegaspes dijo...

Soy consciente.
Y por eso no insistí.

Simplemente pensé que el que lo habláramos le ayudaría a entenderlo y sería más fácil, pero si prefiere dejarlo así yo lo respeto.

Si algún día le apetece hablarlo, yo estaré dispuesta. Hoy por hoy, realmente mi único deseo es que volvamos a pasear juntas como siempre...

CHaNG dijo...

me alegro k ya las cosas vayan mejor!

es curioso, me prometi no volver a leer el blog, xo me llamó

Kety dijo...

Comprendo a tu madre, tal vez porque soy, madre, y hasta llegar a abuela, se pasan por varias vicisitudes, generadas por dos generaciones, -nada que ver una con la otra como siempre ocurre-.

No dudo que tengas tus razones para defender tus ideas, -muy claras por cierto-. En algunas estoy de acuerdo contigo. En otras..., tal vez por mi falta de saber, no opino.

Te dejo una frase:

"En la medianía está la medida de la verdadera felicidad”.
Daniel Defoe


Un abrazo

vegaspes dijo...

Es una buena frase. Aunque a veces el ser coherente te pide posicionarte a favor o en contra de algo y la neutralidad o la medianía cae en las contradicciones...

Kety dijo...

Hola Vegaspes,¿Sabes? envidio tu arrojo.
Tal vez sea la edad la que hace que te posiciones en esa postura -me refiro a la de la frase.

Un abrazo

Cigarra dijo...

Quizá en todos esos elementos que tan bien has sopesado tengas que introducir el de la humildad, entendida en el sentido de ceder un poco. No digo contemporizar, ni fingir algo que no va contigo, pero no ser tan radical en la asunción de tu postura. Quizá si accedes a ir a Misa con tu madre alguna vez, a ella le resulte más fácil entender que quieras dejar de ir en lo sucesivo, porque tus motivos son de una honestidad vital que no creo que rechace. Es como aquella historia de las Florecillas de San Francisco, en que el fraile viejo ofrecía el sacrificio de no beber hasta llegar al convento, y sabía que Dios estaba contento porque al levantar los ojos al cielo veía una estrella nueva; pero el día que iba con un novicio, muertecito de sed, comprendió que si él no bebía el novicio no iba a beber; y sacrificó su "sacrificio" en aras de la caridad. Y cuando levantó los ojos, pensando que aquella noche no vería su estrella nueva, en lugar de una vió dos.
A sus ojos quizá había cedido, pero a Dios le gustan las paradojas y las contradicciones. O lo que visto con nuestros ojos parecen contradicciones.
Tu verás qué es mejor ¿ser fiel a la conclusión a la que has llegado o crear el clima necesario para una recuperación de la armonía con tu madre?
Ya quisiera yo que los motivos para dejar de ir a Misa de mis hijas fuesen tan meditados como los tuyos, y que estuviesen más dispuestas a hablar de ello conmigo...

SIENTO, LUEGO SOY

Si siente, no le utilices

¿Que por qué soy activista?

No hay explotación animal sin víctimas

¿Que por qué no llevo pieles?

Los demás animales no son vestimenta

¿Que por qué no voy al zoo?

Los zoos son prisiones para quienes viven en ellos

¿Que por qué no compro animales?

Los demás animales no son objetos de consumo

¿Que por qué no como animales?

¿Que por qué no como animales?

Y ahora que has pensado... ¡Actúa!

Y ahora que has pensado... ¡Actúa!