El pasado Domingo 19 de Octubre, en la última matanza de toros de la temporada, Igualdad Animal realizó una doble acción en la plaza de matanza de toros de La Misericordia en Zaragoza. Fue una acción coordinada en la que siete activistas (Javier Moreno, Jose Valle, María Hernando, Alba Martín, Tim de Smet, Sharon Núñez y Carolina Campón) saltaron al ruedo después de que matasen al primer toro y mientras su cuerpo permanecía aún en la arena, desplegando unos carteles con la palabra "Abolición". Unos minutos después, otros dos activistas (Tomas García-Navas e Iván Guijarro) se descolgaron de la fachada del edificio con una pancarta con el siguiente lema: "Por los animales - Abolición de toda explotación - IgualdadAnimal.org".
A pesar de que sabíamos que desgraciadamente no podíamos salvar la vida a los toros que morirían esa tarde en la plaza, realizamos ésta y otras acciones no violentas para propiciar un debate social que cambie la forma en la que la sociedad ve y considera a los demás animales. La acción tuvo repercusión en varios medios de comunicación de Aragón como el Heraldo de Aragón y El Periódico de Aragón (apareciendo posteriormente el día 28 de Octubre una entrevista a Javier Moreno, coordinador de activismo de Igualdad Animal en este último periódico) así como en medios nacionales como en los periódicos ADN, 20minutos o en el telediario de la cadena de televisión TeleCinco.
Igualdad Animal es una organización que lucha contra cualquier forma de explotación animal. Sabemos que los espectáculos con toros son quizás algunas de sus representaciones más llamativas pero no por ello es esta forma de explotación animal más grave. Cientos de millones de animales no humanos son esclavizados diariamente en granjas, acuarios, zoos, laboratorios, circos.. e Igualdad Animal existe para defenderles. Es por ello que hemos realizado esta doble acción, pero este acto no es más que una consecuencia lógica del tipo de activismo mediático e impactante que la organización lleva a cabo desde que, a finales de 2005, inició su andadura Igualdad Animal. Desde nuestras inicios hemos acudido a los lugares donde los animales no humanos son explotados enfrentándonos a los explotadores y gritando con megáfonos, mostrando pancartas y carteles reclamando su liberación y el cese de la explotación, exigiendo el respeto que merecen.
Al igual que pedimos la abolición de la "tauromaquia", pedimos la abolición de cualquier utilización de los animales, ya que todas parten de la misma injusticia: creer que sus vidas nos pertenecen.
Por ellos.
IgualdadAnimal.org
http://www.igualdadanimal.org/noticias/igualdad-animal-salta-al-ruedo-y-se-descuelga-de-la-plaza-de-toros-de-zaragoza
miércoles 29 de octubre de 2008
¡Y ahí TAMBIÉN estuve yo!
miércoles 22 de octubre de 2008
AGERE AUDE!
“No temes por tu vida en medio de una tormenta; no te lo puedes permitir. RESUELVE”
Es verídico, creedme. Puedo dar fe de ello ya que cuando vi a mis compañeros moviéndose de pronto a gran velocidad y dando por comenzada la acción, no tuve miedo ni sentí nervios a pesar de que hacía pocos segundos todavía temblaba ante lo que se me avecinaba. En ese momento, con la misma fuerza que desprende la palabra RESUELVE, tenía in mente otra parecida e igual de imperiosa: AHORA.
Aún no sé cómo sucedió todo. Sólo sé que tenía un objetivo y me concentré en cómo llegar a él lo más rápido posible. No sé cómo logré atravesar la barandilla de la primera fila del tendido. En una situación normal, ni lo habría intentado; era un hueco estrechísimo y yo tengo la misma habilidad física que tú a partir de la séptima copa. Bien. Ni la rocé. Tampoco recuerdo la caída y el aterrizaje en el callejón (conociéndome es muy posible que cerrase los ojos), aunque tengo la imagen mental del hueco del burladero a tres pasos de mí mientras en mi cabeza sonaban frases de ánimo; ya estaba cerca. Corrí. Creo que me comí a un activista cuando iba a entrar en la arena, Javi, quizás.
Estaba en el ruedo. Había llegado. Estiré la mano y saqué la pancarta que llevaba camuflada entre la bota y el pantalón. La desenrollé y grité con todas mis fuerzas la misma palabra que se leía sobre el papel: ABOLICIÓN.
Fue de los momentos más impresionantes de mi vida. La sensación es absolutamente inefable. La descarga de adrenalina, de felicidad, de rabia, de mala leche, de decisión, de unión y confianza con tus compañeros y compañeras, de fe en ti, de energía positiva te llena de tal forma que actúas casi como si no fueras tú. Sientes la tensión en todo tu cuerpo y tu cabeza trabaja a toda velocidad, te dejas llevar. Sabes que todo va a salir bien.
Incluso cuando vi a unos cuantos taurinos furiosos gritando y arrancando las pancartas de las manos a los activistas, estaba bastante tranquila. Me moví a otro lado. Finalmente un hombre me quitó la mía entre imprecaciones que mi memoria selectiva borró a los dos segundos. Me giré. De pronto vi que se habían llevado a casi todos mis compañeros. Por un momento creí que estaba sola con todos aquellos taurinos. Sí, lo reconoceré: ahí me acojoné. Me cubrí más o menos como nos había enseñado un activista, Eu, antes de la acción, preparada para una posible agresión. La había habido en la Monumental de Barcelona y no era imposible que se repitiera.
Pero entonces vi a un compañero, Jose, caminando con una serenidad alucinante entre taurinos que no paraban de chillar histéricos. Me pegué a él. Me dijo que estuviera tranquila y gritó “Abolición”. Le admiré muchísimo, qué fortaleza. Al momento recuperé la confianza y la decisión y grité yo también. Me giré hacia el tendido, vi muchas caras desencajadas. Les dediqué un “Abolición” con el volumen más alto que mi voz fue capaz de dar. Qué gran momento.
Y luego todo sucedió muy deprisa. Noté un brazo que tiró de mí y que me obligó a soltar la mano de Jose; era un policía. Yo me sentía muy bien, no tenía miedo y tenía que salir de ahí dejando bien claro el mensaje que habíamos ido a dar. Me dejé caer al suelo, me negué a andar. Resistencia pasiva. Habíamos ido a exigir la Abolición y de allí nos iban a sacar a rastras.
“Vamos, cielo, colabora”. Me dijo el policía tratando de levantarme. “¡¿¡Cielo!?!” pensé horrorizada. Permanecí en el suelo. Me agarraron entre dos agentes y me sacaron en volandas del ruedo. Pude escuchar los gritos e insultos furiosos que me dedicó el público cuando pasamos cerca del tendido. Me cubrí la cara y abrí los ojos cuando noté el cambio de luz. Estábamos en un pasillo bajo los tendidos. Me puse en pie mientras un agente me daba la bota que me había quitado al levantarme. Entonces otro agente me agarró del brazo izquierdo y me hizo una llave. Resoplé. Qué bestia. Respiré hondo y me enderecé. Nunca en mi vida había caminado tan erguida. Aunque un poco dolorida, me sentía tan bien que no cabía en mí.
Me condujo por unos pasillos y al fondo vi al resto de compañeros, sentí otra vez esa energía positiva. Uno de nosotros gritó “Abolición” y varios le seguimos. Fue entonces cuando el agente que me agarraba me retorció el brazo y la mano en esa llave mientras me sentaba en un banco a la fuerza diciéndome “¡¿Te vas a estar calladita ya?!”. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Dolor y rabia. Me defendieron varios activistas y el agente, muy enfadado, se dio la vuelta y desapareció.
Pasamos a una sala. Me senté con toda la parte izquierda del cuerpo temblando. Estando rodeada de los compañeros otra vez, sentí una especie de extraña felicidad y relajación. Estábamos todos y todas y estábamos bien. Estaba hecho. Fui la primera en ser llamada junto con otra activista, Alba. Nos negamos a declarar, nos dieron unos papelitos rosas monísimos y nos echaron.
Una mujer policía me llevó agarrada hasta la salida donde estaban los medios y más activistas que me acogieron entre aplausos con cariño. Me relajé estando ya al otro lado de la puerta hasta que de pronto vimos asomar una pierna al lado de una de las columnas de los pisos superiores de la fachada de la plaza. Segunda parte de la acción. Dos columnas contiguas fueron rodeadas por una cuerda cada una. Casi pude oír el chasquido de los mosquetones al cerrarse, escasos segundos antes de que dos activistas (Iván y Eu) se descolgaran por la pared de la fachada en rappel ante varios policías que trataron de impedírselo. Extendieron una pancarta inmensa en la que se leía “POR LOS ANIMALES ABOLICIÓN DE TODA EXPLOTACIÓN. IGUALDADANIMAL.ORG”
Desapareció rápido, un policía desde un piso inferior tiró de ella. Entonces sacaron otras similares a las que habíamos usado quienes saltamos a la arena. “Tauromaquia abolición” coreamos todos y todas, quienes pendían de una cuerda y quienes mirábamos la acción desde abajo. Otro gran momento.
Los agentes perdían la paciencia, empezaron a manipular las cuerdas y a tirar de los activistas para sacarlos de allí. Yo tenía un nudo en la garganta. Me ahogaba. Consiguieron descolgar a Iván. Respiré. A Eu les costó un poco más. Todos enmudecimos cuando vimos que le habían cortado la cuerda, pero él estaba bien. Me llegó el oxígeno al cerebro. A partir de ahí les perdimos de vista aunque antes sí pudimos observar cómo les golpeaban. Me relajé. Ya estaba. No habían podido pararnos.
Los activistas salían con cuentagotas. Pero estaban bien. Eso era lo importante. Nos abrazamos todos. Más momentazos.
Partes de lesiones en el hospital. Papelitos verdes monísimos y puerta.
Más tarde, tuve la ocasión de ver un poco de Zaragoza antes de que volviésemos a Madrid. Y flipé. (No puedo evitarlo, qué le vamos a hacer). Vi el mudéjar. Existe. Existe y es maravilloso. Zaragoza es mudéjar hasta la médula, combina TODOS los estilos arquitectónicos con el ladrillo musulmán, los atauriques y los motivos geométricos. Es simplemente genial ver un frontón partido cóncavo-convexo barroco con “moviditas” musulmanas. (Qué técnica que soy cuando me da), o ver los arcos ojivales góticos con arquivoltas en ladrillo. Es bestial. Puedo asegurar que el ritmo palladiano se acentúa si empleas ese material. Me emocionó la que supuse que era la catedral. Barroca perdida, colosal y recargadísima, con cúpulas que ya presentaban elementos neoclásicos, pero que también tenía influencia bizantina en cubiertas escamadas de colores brillantes y por supuesto, toda de ladrillo y material barato. Simplemente preciosa.Y ahora imaginaos la escena: yo alucinando a saco con todo esto, absolutamente emocionada y al lado, Javi, un gran activista aguantándome los comentarios frikis con toda su paciencia. Jo, qué majo. Gracias compañero.
Ya había pasado todo. Y todos y todas estábamos bien. Llegué a mi casa sobre las siete de la mañana. Cogí los cuadernos y volví a salir por la puerta; tenía clase de griego a las 8:30.
Recuerdo bien cuando (ahora parece que hace mil años) me propusieron el salto. Temblaba. Me costó decidirme. No por mí, yo lo tenía clarísimo. Sino por mis padres, ¿cómo explicarles lo que iba a hacer? Una noche, escuchando una canción del grupo incipiente Krochet que hablaba de cómo nos enseñan desde niños a no actuar jamás contra lo injusto por el miedo a no meternos en problemas y manteniendo la excusa de “que lo haga otro”, lo vi claro. Yo no iba a delegar ese papel. Yo podía hacerlo y, es más, lo iba a hacer y lo iba a hacer bien.
Sócrates y Platón: descubre qué es justo y hazlo.
Aristóteles y Santo Tomás: sigue tu thelos, tu fin en la vida es Verdad y Justicia.
O lo que es lo mismo: Atrévete a saber y atrévete a actuar.
No me iban a detener. Quería hacerlo, estaba decidida y así se lo debía exponer. Jamás me perdonaría el permanecer impasible ante esto teniendo una oportunidad tan clara de luchar contra ello, de la misma manera que no aguantaría quieta mientras maltratan a un niño. Hay quienes están pidiendo ayuda a gritos y me niego a darles la espalda.
El caso, se lo tomaron genial. (Ahora me planteo que quizá no tenían muy claro qué era exactamente lo que iba a hacer).
Mis amigas no lo entienden. Les parece una manera de meterse en líos gratuita y hasta ridícula. Me da igual. Me siento orgullosísima. Tengo 18 años y un montón de tiempo para hacer activismo por delante. Jamás me permitiré el haber pasado por este mundo (tanto si hay otro después como si no) sin haber hecho nada por ayudar a mis iguales. No me atrae una existencia vacía y egoísta en la que los puntos primordiales sean mi carrera, mi trabajo, mi casa y las fiestas. No mientras las cosas estén así.
Ahora me vienen algunos flashes. Como por ejemplo, el rato antes, animándonos Sun y yo mutuamente. Sentándonos juntas en la plaza y manteniendo una conversación completamente estúpida y banal a la vez que escuchábamos atentísimas al “guiri” de Tim su perorata en inglés de la que no entendíamos ni media palabra. Aplaudiendo a los asesinos y comentando las “artes” y el “valor” del “diestro”. Agarradas fuertemente en el momento en el que le mataron, tras haber estado oyendo cómo el animal gritaba de dolor y caía cada dos pasos a la arena. Y finalmente, en el momento del salto, cómo volamos las dos. Somos un buen equipo, guapísima. Un abrazo enorme. Fuerza no nos falta.
O también mientras nos preparábamos para la acción, el nerviosismo y los ánimos que nos dábamos entre todos, de la misma manera que hicimos luego mientras nos iban soltando poco a poco; Pablo, Yahi, Laura, Esther, Edgar, Pedro, Marta… Estoy convencida de que sólo gente vegana puede ser así de guay.
Grandiosos los ensayos antes de la acción del salto de la barrera con Sun y Sharon. Somos las mejores. Es un hecho.
Hace un rato mis padres me decían que había agotado el cupo para toda mi vida de acciones extrañas para contarles a mis nietos. No protesté demasiado pero me sonreí:
Esta ha sido sólo la primera.
*AGERE AUDE!: ¡ATRÉVETE A ACTUAR!
Es verídico, creedme. Puedo dar fe de ello ya que cuando vi a mis compañeros moviéndose de pronto a gran velocidad y dando por comenzada la acción, no tuve miedo ni sentí nervios a pesar de que hacía pocos segundos todavía temblaba ante lo que se me avecinaba. En ese momento, con la misma fuerza que desprende la palabra RESUELVE, tenía in mente otra parecida e igual de imperiosa: AHORA.
Aún no sé cómo sucedió todo. Sólo sé que tenía un objetivo y me concentré en cómo llegar a él lo más rápido posible. No sé cómo logré atravesar la barandilla de la primera fila del tendido. En una situación normal, ni lo habría intentado; era un hueco estrechísimo y yo tengo la misma habilidad física que tú a partir de la séptima copa. Bien. Ni la rocé. Tampoco recuerdo la caída y el aterrizaje en el callejón (conociéndome es muy posible que cerrase los ojos), aunque tengo la imagen mental del hueco del burladero a tres pasos de mí mientras en mi cabeza sonaban frases de ánimo; ya estaba cerca. Corrí. Creo que me comí a un activista cuando iba a entrar en la arena, Javi, quizás.
Estaba en el ruedo. Había llegado. Estiré la mano y saqué la pancarta que llevaba camuflada entre la bota y el pantalón. La desenrollé y grité con todas mis fuerzas la misma palabra que se leía sobre el papel: ABOLICIÓN.
Fue de los momentos más impresionantes de mi vida. La sensación es absolutamente inefable. La descarga de adrenalina, de felicidad, de rabia, de mala leche, de decisión, de unión y confianza con tus compañeros y compañeras, de fe en ti, de energía positiva te llena de tal forma que actúas casi como si no fueras tú. Sientes la tensión en todo tu cuerpo y tu cabeza trabaja a toda velocidad, te dejas llevar. Sabes que todo va a salir bien.
Incluso cuando vi a unos cuantos taurinos furiosos gritando y arrancando las pancartas de las manos a los activistas, estaba bastante tranquila. Me moví a otro lado. Finalmente un hombre me quitó la mía entre imprecaciones que mi memoria selectiva borró a los dos segundos. Me giré. De pronto vi que se habían llevado a casi todos mis compañeros. Por un momento creí que estaba sola con todos aquellos taurinos. Sí, lo reconoceré: ahí me acojoné. Me cubrí más o menos como nos había enseñado un activista, Eu, antes de la acción, preparada para una posible agresión. La había habido en la Monumental de Barcelona y no era imposible que se repitiera.
Pero entonces vi a un compañero, Jose, caminando con una serenidad alucinante entre taurinos que no paraban de chillar histéricos. Me pegué a él. Me dijo que estuviera tranquila y gritó “Abolición”. Le admiré muchísimo, qué fortaleza. Al momento recuperé la confianza y la decisión y grité yo también. Me giré hacia el tendido, vi muchas caras desencajadas. Les dediqué un “Abolición” con el volumen más alto que mi voz fue capaz de dar. Qué gran momento.
Y luego todo sucedió muy deprisa. Noté un brazo que tiró de mí y que me obligó a soltar la mano de Jose; era un policía. Yo me sentía muy bien, no tenía miedo y tenía que salir de ahí dejando bien claro el mensaje que habíamos ido a dar. Me dejé caer al suelo, me negué a andar. Resistencia pasiva. Habíamos ido a exigir la Abolición y de allí nos iban a sacar a rastras.
“Vamos, cielo, colabora”. Me dijo el policía tratando de levantarme. “¡¿¡Cielo!?!” pensé horrorizada. Permanecí en el suelo. Me agarraron entre dos agentes y me sacaron en volandas del ruedo. Pude escuchar los gritos e insultos furiosos que me dedicó el público cuando pasamos cerca del tendido. Me cubrí la cara y abrí los ojos cuando noté el cambio de luz. Estábamos en un pasillo bajo los tendidos. Me puse en pie mientras un agente me daba la bota que me había quitado al levantarme. Entonces otro agente me agarró del brazo izquierdo y me hizo una llave. Resoplé. Qué bestia. Respiré hondo y me enderecé. Nunca en mi vida había caminado tan erguida. Aunque un poco dolorida, me sentía tan bien que no cabía en mí.
Me condujo por unos pasillos y al fondo vi al resto de compañeros, sentí otra vez esa energía positiva. Uno de nosotros gritó “Abolición” y varios le seguimos. Fue entonces cuando el agente que me agarraba me retorció el brazo y la mano en esa llave mientras me sentaba en un banco a la fuerza diciéndome “¡¿Te vas a estar calladita ya?!”. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Dolor y rabia. Me defendieron varios activistas y el agente, muy enfadado, se dio la vuelta y desapareció.
Pasamos a una sala. Me senté con toda la parte izquierda del cuerpo temblando. Estando rodeada de los compañeros otra vez, sentí una especie de extraña felicidad y relajación. Estábamos todos y todas y estábamos bien. Estaba hecho. Fui la primera en ser llamada junto con otra activista, Alba. Nos negamos a declarar, nos dieron unos papelitos rosas monísimos y nos echaron.
Una mujer policía me llevó agarrada hasta la salida donde estaban los medios y más activistas que me acogieron entre aplausos con cariño. Me relajé estando ya al otro lado de la puerta hasta que de pronto vimos asomar una pierna al lado de una de las columnas de los pisos superiores de la fachada de la plaza. Segunda parte de la acción. Dos columnas contiguas fueron rodeadas por una cuerda cada una. Casi pude oír el chasquido de los mosquetones al cerrarse, escasos segundos antes de que dos activistas (Iván y Eu) se descolgaran por la pared de la fachada en rappel ante varios policías que trataron de impedírselo. Extendieron una pancarta inmensa en la que se leía “POR LOS ANIMALES ABOLICIÓN DE TODA EXPLOTACIÓN. IGUALDADANIMAL.ORG”
Desapareció rápido, un policía desde un piso inferior tiró de ella. Entonces sacaron otras similares a las que habíamos usado quienes saltamos a la arena. “Tauromaquia abolición” coreamos todos y todas, quienes pendían de una cuerda y quienes mirábamos la acción desde abajo. Otro gran momento.
Los agentes perdían la paciencia, empezaron a manipular las cuerdas y a tirar de los activistas para sacarlos de allí. Yo tenía un nudo en la garganta. Me ahogaba. Consiguieron descolgar a Iván. Respiré. A Eu les costó un poco más. Todos enmudecimos cuando vimos que le habían cortado la cuerda, pero él estaba bien. Me llegó el oxígeno al cerebro. A partir de ahí les perdimos de vista aunque antes sí pudimos observar cómo les golpeaban. Me relajé. Ya estaba. No habían podido pararnos.
Los activistas salían con cuentagotas. Pero estaban bien. Eso era lo importante. Nos abrazamos todos. Más momentazos.
Partes de lesiones en el hospital. Papelitos verdes monísimos y puerta.
Más tarde, tuve la ocasión de ver un poco de Zaragoza antes de que volviésemos a Madrid. Y flipé. (No puedo evitarlo, qué le vamos a hacer). Vi el mudéjar. Existe. Existe y es maravilloso. Zaragoza es mudéjar hasta la médula, combina TODOS los estilos arquitectónicos con el ladrillo musulmán, los atauriques y los motivos geométricos. Es simplemente genial ver un frontón partido cóncavo-convexo barroco con “moviditas” musulmanas. (Qué técnica que soy cuando me da), o ver los arcos ojivales góticos con arquivoltas en ladrillo. Es bestial. Puedo asegurar que el ritmo palladiano se acentúa si empleas ese material. Me emocionó la que supuse que era la catedral. Barroca perdida, colosal y recargadísima, con cúpulas que ya presentaban elementos neoclásicos, pero que también tenía influencia bizantina en cubiertas escamadas de colores brillantes y por supuesto, toda de ladrillo y material barato. Simplemente preciosa.Y ahora imaginaos la escena: yo alucinando a saco con todo esto, absolutamente emocionada y al lado, Javi, un gran activista aguantándome los comentarios frikis con toda su paciencia. Jo, qué majo. Gracias compañero.
Ya había pasado todo. Y todos y todas estábamos bien. Llegué a mi casa sobre las siete de la mañana. Cogí los cuadernos y volví a salir por la puerta; tenía clase de griego a las 8:30.
Recuerdo bien cuando (ahora parece que hace mil años) me propusieron el salto. Temblaba. Me costó decidirme. No por mí, yo lo tenía clarísimo. Sino por mis padres, ¿cómo explicarles lo que iba a hacer? Una noche, escuchando una canción del grupo incipiente Krochet que hablaba de cómo nos enseñan desde niños a no actuar jamás contra lo injusto por el miedo a no meternos en problemas y manteniendo la excusa de “que lo haga otro”, lo vi claro. Yo no iba a delegar ese papel. Yo podía hacerlo y, es más, lo iba a hacer y lo iba a hacer bien.
Sócrates y Platón: descubre qué es justo y hazlo.
Aristóteles y Santo Tomás: sigue tu thelos, tu fin en la vida es Verdad y Justicia.
O lo que es lo mismo: Atrévete a saber y atrévete a actuar.
No me iban a detener. Quería hacerlo, estaba decidida y así se lo debía exponer. Jamás me perdonaría el permanecer impasible ante esto teniendo una oportunidad tan clara de luchar contra ello, de la misma manera que no aguantaría quieta mientras maltratan a un niño. Hay quienes están pidiendo ayuda a gritos y me niego a darles la espalda.
El caso, se lo tomaron genial. (Ahora me planteo que quizá no tenían muy claro qué era exactamente lo que iba a hacer).
Mis amigas no lo entienden. Les parece una manera de meterse en líos gratuita y hasta ridícula. Me da igual. Me siento orgullosísima. Tengo 18 años y un montón de tiempo para hacer activismo por delante. Jamás me permitiré el haber pasado por este mundo (tanto si hay otro después como si no) sin haber hecho nada por ayudar a mis iguales. No me atrae una existencia vacía y egoísta en la que los puntos primordiales sean mi carrera, mi trabajo, mi casa y las fiestas. No mientras las cosas estén así.
Ahora me vienen algunos flashes. Como por ejemplo, el rato antes, animándonos Sun y yo mutuamente. Sentándonos juntas en la plaza y manteniendo una conversación completamente estúpida y banal a la vez que escuchábamos atentísimas al “guiri” de Tim su perorata en inglés de la que no entendíamos ni media palabra. Aplaudiendo a los asesinos y comentando las “artes” y el “valor” del “diestro”. Agarradas fuertemente en el momento en el que le mataron, tras haber estado oyendo cómo el animal gritaba de dolor y caía cada dos pasos a la arena. Y finalmente, en el momento del salto, cómo volamos las dos. Somos un buen equipo, guapísima. Un abrazo enorme. Fuerza no nos falta.
O también mientras nos preparábamos para la acción, el nerviosismo y los ánimos que nos dábamos entre todos, de la misma manera que hicimos luego mientras nos iban soltando poco a poco; Pablo, Yahi, Laura, Esther, Edgar, Pedro, Marta… Estoy convencida de que sólo gente vegana puede ser así de guay.
Grandiosos los ensayos antes de la acción del salto de la barrera con Sun y Sharon. Somos las mejores. Es un hecho.
Hace un rato mis padres me decían que había agotado el cupo para toda mi vida de acciones extrañas para contarles a mis nietos. No protesté demasiado pero me sonreí:
Esta ha sido sólo la primera.
*AGERE AUDE!: ¡ATRÉVETE A ACTUAR!
IGUALDAD ANIMAL SALTA AL RUEDO EN ZARAGOZA
Siete activistas de la ONG internacional por los derechos de los animales Igualdad Animal (Alba, Sharon, Javier, María, Tim, Jose y Sun) saltaron en la tarde del domingo 19 de octubre al ruedo de la Plaza de Toros de la Misericordia en Zaragoza para exigir la abolición de la tauromaquia.

(Fotos cedidas por periódicos aragoneses)
Los activistas irrumpieron en el ruedo después de morir el primer toro de la tarde. Mientras estaba el toro aún en la arena saltaron desde el tendido y corrieron hacia la arena mostrando varias pancartas en las que se leía claramente el objetivo exigido: 'Abolición'. A la vez gritaban esa misma palabra moviéndose por el ruedo hasta que fueron interceptados y sacados a rastras de allí por agentes del Cuerpo Nacional de Policía.
Otros dos activistas (Iván y Eu) se descolgaron por la pared de la fachada a unos 17 metros de altura y extendieron una gran pancarta en la que se leía "Por los animales. Abolición de toda explotación. IgualdadAnimal.org" Una vez que se la quitaron los activistas sacaron otra similar a las que habían utilizado quienes saltaron al ruedo.

Los policías obligaron a descolgarse a los activistas con brutalidad y manipulando las cuerdas sin consideración del peligro que podrían sufrir los abolicionistas, como se aprecia en las fotos.


Fueron retenidos por la policía.


Una vez identificados, se les puso en libertad uno a uno.




Fuera, los activistas liberados y los que grababan, formaron un grupo de apoyo y recibían a los que salían apludiendo y gritando "Tauromaquia Abolición" o "Derechos ya para los animales"




En resumen, el pasado domingo 19 de octubre Igualdad Animal denunció esto:

y esto,
y esto

Pero la tauromaquia no es más que otro modelo de explotación animal, no es mejor ni peor que esto:
o esto,

La explotación animal existe porque la financiamos.
Está en tu mano conseguir liberar a estos animales.
Atrévete a saber, atrévete a actuar: www.igualdadanimal.org

(Fotos cedidas por periódicos aragoneses)Los activistas irrumpieron en el ruedo después de morir el primer toro de la tarde. Mientras estaba el toro aún en la arena saltaron desde el tendido y corrieron hacia la arena mostrando varias pancartas en las que se leía claramente el objetivo exigido: 'Abolición'. A la vez gritaban esa misma palabra moviéndose por el ruedo hasta que fueron interceptados y sacados a rastras de allí por agentes del Cuerpo Nacional de Policía.
Otros dos activistas (Iván y Eu) se descolgaron por la pared de la fachada a unos 17 metros de altura y extendieron una gran pancarta en la que se leía "Por los animales. Abolición de toda explotación. IgualdadAnimal.org" Una vez que se la quitaron los activistas sacaron otra similar a las que habían utilizado quienes saltaron al ruedo.

Los policías obligaron a descolgarse a los activistas con brutalidad y manipulando las cuerdas sin consideración del peligro que podrían sufrir los abolicionistas, como se aprecia en las fotos.


Fueron retenidos por la policía.


Una vez identificados, se les puso en libertad uno a uno.




Fuera, los activistas liberados y los que grababan, formaron un grupo de apoyo y recibían a los que salían apludiendo y gritando "Tauromaquia Abolición" o "Derechos ya para los animales"




En resumen, el pasado domingo 19 de octubre Igualdad Animal denunció esto:

y esto,
y esto
Pero la tauromaquia no es más que otro modelo de explotación animal, no es mejor ni peor que esto:

o esto,

La explotación animal existe porque la financiamos.
Está en tu mano conseguir liberar a estos animales.
Atrévete a saber, atrévete a actuar: www.igualdadanimal.org
jueves 2 de octubre de 2008
IBI ET NUNC
El otro día estuve ordenando mi habitación. Es de esas cosas que te obliga a hacer tu madre cuando ve que vives en el más absoluto caos y además estás de vacaciones.
Con mucha pereza me puse a ello y tras tres interminables días acabé la faena. Entre los muchos tesoros que pasaron por mis manos, encontré el folleto de Igualdad Animal con el que me hice vegetariana hace casi dos años. Me dio por recordar aquellos primeros tiempos en los que el veganismo era un mundo inexplorado y sorprendente para mí y el activismo la razón por la que vivía todos los fines de semana. Ahora sigue siendo así pero con los pies más en la tierra, mi activismo mejora y el veganismo forma parte de mi propia personalidad de tal forma que ya ni recuerdo cómo era antes de ser vegana.
Me acordé especialmente de cuando la tutora que tenía en primero de bachillerato, al enterarse de que me había hecho vegetariana y viendo que era un punto de cotilleo entre sus tutelados, me llamó a su despacho para preguntarme mis motivos.
Tras más de una hora de conversación sobre cómo lo llevaba, la información con la que contaba, y el tipo de activismo que hacía, me dijo "vegaspes, ¿por qué no dejas esto para cuando seas un poco más mayor? Quizá cuando tengas dos o tres años más veas las cosas con diferente perspectiva, con más madurez y con tu cuerpo ya formado del todo. Sólo tienes 16 años. ¿No crees que estás viviendo demasiado deprisa?"
Evidentemente le contesté que no iba a dejar el veganismo, que para mí era algo imposible e impensable el echarme para atrás y que no tenía ningún motivo para esperar. Recuerdo con cariño aquel momento, mi tutora se preocupaba sinceramente por mí y yo sentía que lo que hacía era lo correcto de manera intemporal.
Otro de los tesoros con los que me encontré ordenando y que tiene relación con esto es una pequeña tarjeta que nos dieron en un acto de mi colegio. Tiene una pequeña historia escrita en la parte de atrás de la que siempre me acuerdo cuando pienso en las teorías abolicionistas y sobre todo, en la imperiosa necesidad de actuar AQUÍ y AHORA. Porque no puede ser de otra manera.
Cuenta una antigua leyenda que el bosque más hermoso de un lejano pueblecito de montaña fue arrasado por las llamas. Cuando la noticia llegó a oídos del más anciano del lugar convocó urgentemente a toda la población.
-Debemos replantar los cedros- les dijo.
- ¿Los cedros?- exclamó asombrado uno de los allí presentes-. ¡Pero si tardan dos mil años en crecer...!
- Entonces - continuó el anciano - tenemos que comenzar de inmediato. ¡No hay ni un minuto que perder!
La Liberación Animal está lejos, ¡por eso tenemos que actuar YA!
Con mucha pereza me puse a ello y tras tres interminables días acabé la faena. Entre los muchos tesoros que pasaron por mis manos, encontré el folleto de Igualdad Animal con el que me hice vegetariana hace casi dos años. Me dio por recordar aquellos primeros tiempos en los que el veganismo era un mundo inexplorado y sorprendente para mí y el activismo la razón por la que vivía todos los fines de semana. Ahora sigue siendo así pero con los pies más en la tierra, mi activismo mejora y el veganismo forma parte de mi propia personalidad de tal forma que ya ni recuerdo cómo era antes de ser vegana.
Me acordé especialmente de cuando la tutora que tenía en primero de bachillerato, al enterarse de que me había hecho vegetariana y viendo que era un punto de cotilleo entre sus tutelados, me llamó a su despacho para preguntarme mis motivos.
Tras más de una hora de conversación sobre cómo lo llevaba, la información con la que contaba, y el tipo de activismo que hacía, me dijo "vegaspes, ¿por qué no dejas esto para cuando seas un poco más mayor? Quizá cuando tengas dos o tres años más veas las cosas con diferente perspectiva, con más madurez y con tu cuerpo ya formado del todo. Sólo tienes 16 años. ¿No crees que estás viviendo demasiado deprisa?"
Evidentemente le contesté que no iba a dejar el veganismo, que para mí era algo imposible e impensable el echarme para atrás y que no tenía ningún motivo para esperar. Recuerdo con cariño aquel momento, mi tutora se preocupaba sinceramente por mí y yo sentía que lo que hacía era lo correcto de manera intemporal.
Otro de los tesoros con los que me encontré ordenando y que tiene relación con esto es una pequeña tarjeta que nos dieron en un acto de mi colegio. Tiene una pequeña historia escrita en la parte de atrás de la que siempre me acuerdo cuando pienso en las teorías abolicionistas y sobre todo, en la imperiosa necesidad de actuar AQUÍ y AHORA. Porque no puede ser de otra manera.
Cuenta una antigua leyenda que el bosque más hermoso de un lejano pueblecito de montaña fue arrasado por las llamas. Cuando la noticia llegó a oídos del más anciano del lugar convocó urgentemente a toda la población.
-Debemos replantar los cedros- les dijo.
- ¿Los cedros?- exclamó asombrado uno de los allí presentes-. ¡Pero si tardan dos mil años en crecer...!
- Entonces - continuó el anciano - tenemos que comenzar de inmediato. ¡No hay ni un minuto que perder!
La Liberación Animal está lejos, ¡por eso tenemos que actuar YA!
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